viernes, 1 de noviembre de 2019

Educación: buena tierra, buen fruto.



Para una buena cosecha hace falta una buena tierra, con los nutrientes necesarios y un riego adecuado. Después habrá que sembrar un buen grano, y tener cuidado con las plagas y las posibles tormentas. Sólo así aquel campo dará buen fruto.

Pienso que en la educación ocurre algo parecido. La buena tierra es una familia unida donde, pese a los roces diarios, existe un cariño incondicional entre sus miembros, especialmente entre marido y mujer. Este es el terreno óptimo para que surja, vigorosa y libre, la personalidad de cada hijo o hija. La semilla buena es el ejemplo de los padres y su palabra adecuada, comprensiva y exigente. Solo con la suave autoridad de los surcos, se levantan con fuerza los tallos. La plantación de la que hablamos no es de invernadero: los aires y las aguas la hacen fuerte y hermosa; pero con atención y cuidado, lo contrario es una irresponsabilidad. La tecnología, tan al alcance de la mano, rinde estupendos servicios; pero también puede llenar de gusanos y de basura toda la plantación. Pongamos dos ejemplos que nos ofrece una asociación española especializada: 11 años es la edad media para iniciar el consumo de pornografía; 81% de los niños entre 13 y 18 años afirman haber observado pornografía como conducta normal[1]. Escenas de violencia, canciones impotables y comportamientos abusivos, son moneda común en una red mundial con una enorme dosis de amoralidad. Del mismo modo que no dejaríamos a nuestros hijos comerse cualquier porquería, no podemos dejarles que sus mentes se inunden de cosas que van a cercenar su personalidad y su capacidad de esfuerzo y creatividad.

La moda consolidada de salir con amigos los fines de semana toda la noche, incluso siendo menores, es una negligencia de los padres que se puede pagar cara. Junto a algunos aspectos positivos de socialización, a esas horas el consumo de alcohol y drogas es muy común. El psiquiatra español Juan José Vázquez acaba de publicar un libro muy útil al respecto, que aborda estas problemáticas y sus posibles soluciones[2].

La suma de horas diarias de televisión+móvil+internet+play puede estar hipertrofiada. Todos estos elementos, cuyo buen y equilibrado uso es estupendo, se pueden convertir en un huracán que asola la interioridad y creatividad de los chavales.

Por otra parte, la libertad de elegir un centro educativo, afín a nuestra visión de la vida y económicamente asequible, es una conquista democrática en la que conviene profundizar. Son los padres y no el estado quienes están más preparados para saber el tipo de educación que conviene a sus hijos. Un buen instituto o colegio ayuda a la competencia y capacitación de los jóvenes, dándoles formación profesional y humana con valiosas referencias para la vida. Pero estas ramas de la educación se apoyan en el tronco y las raíces, que solo la familia puede dar.

Chesterton dijo en los años treinta del siglo pasado que el peligro que nos acecha es la chabacanería. Tenía razón. La gente joven tiene un enorme potencial, son nuestra alegría y nuestro futuro. No siempre será posible tener una familia unida o controlar a los chicos todo lo que quisiéramos, pero hemos de intentarlo una y otra vez, sabiendo que de ello depende la felicidad de ellos y la nuestra, aunque nuestra situación diste mucho de ser la ideal. Además, en este juego de la vida podemos tener un buen compañero porque Dios sabe hacer, con cartas malas, jugadas muy buenas.

Claro que hay que educar en la libertad a los hijos, escucharles, ceder en ocasiones; pero también hay que exigirles responsabilidad y compromiso. Muy probablemente, usted no se arrepentirá de exigir con cariño; de ser blando y condescendiente sí.

A más técnica hace falta más ética; a más libertad es precisa más responsabilidad. Compensa dejarse la vida en educar a chicos y chicas con personalidad, seguridad, alegría de vivir y ganas de comerse el mundo para hacerlo mejor, más humano. Siempre, y especialmente en la actualidad, ser buenos padres es heroico. Muchos de ustedes lo hacen estupendamente. Como modesto profesor desde hace muchos años, les animo en este noble y maravilloso empeño.


José Ignacio Moreno Iturralde



[2] Alcohol, tabaco y drogas. Conocer para prevenir. Vázquez, Juan José. Digital Reasons, 2019: https://www.digitalreasons.es/libro.php?valor=Alcohol,%20tabaco,%20drogas:%20conocer%20para%20prevenir


jueves, 31 de octubre de 2019

Lógica de dominio y lógica de respeto



Algunas formas de capitalismo extremo han llevado, a lo largo de la historia, a frecuentes explotaciones de empleados. El marxismo, y la posterior revolución comunista, supuso una contestación violenta a los abusos capitalistas. Capitalismo extremo y comunismo se mueven, curiosamente, en una misma lógica: la de la confrontación y el dominio.

En el terreno medioambiental se puede vislumbrar otra forma de abuso: entender el mundo como una posesión que puede ser consumida, al margen de sus sostenibilidad y belleza, por los más pudientes.

También en el ámbito de la afectividad se pueden ver a las personas como instrumentos al servicio de los propios sentimientos y satisfacciones, olvidando su dignidad. Las consecuencias de esta actitud sobre la educación de la personalidad y sobre la familia son devastadoras.

Sin embargo, frente a estas lógicas de dominio existe la lógica del respeto y del servicio: la que valora la realidad, en sí misma, de la naturaleza y especialmente la de las personas, al margen del beneficio que puedan aportar. Paradójicamente esta lógica positiva reafirma la identidad de todos y muy especialmente la del que la vive, al mismo tiempo que fomenta la justicia. La naturaleza, los demás, Dios, constituyen un triángulo virtuoso en el que, pese a los contratiempos de la existencia, surge impetuosa la esperanza y la alegría de vivir.


José Ignacio Moreno Iturralde

jueves, 29 de agosto de 2019

Educar: ayudar a encontrar una Presencia



“Entonces, ¿qué quiere decir que la persona necesita-pide ser educada? Quiere decir que tiene necesidad y pide entrar en contacto con la realidad de modo que experimente en ella una Presencia que le haga saltar de alegría, que le dé la certeza de que vale la pena vivir, justo a causa de esa Presencia. Educar significa introducir a la persona en la realidad de modo que se sienta acogida por un destino bueno”. 

Caffarra, C. Apuntes para una metafísica de la educación, Metafísica y persona, Año 1, n 2, julio 2009, pp. 13 y 14.


martes, 27 de agosto de 2019

La referencia inteligente



Tendemos a ver las cosas desde nuestro personal punto de vista; es lógico que sea así. Sin embargo, es inteligente apreciar las cosas por sí mismas y en referencia a lo que les da una globalidad de sentido. Este planteamiento también recae sobre nuestros afectos. Intentar salir fuera de nuestro propio interés para estimar a las personas, las instituciones y las cosas, no solo es una actitud elegante, sino la que paradójicamente nos viene mejor a cada uno.



José Ignacio Moreno Iturralde





La familia, la nevera y el móvil


Si una familia cierra con un candado la nevera, para evitar indigestiones de los niños, probablemente se trate de un hogar con anemia de libertad. En un frigorífico hay productos buenos, aunque se puedan tomar inmoderadamente. El teléfono móvil con datos es distinto. En la red hay muchas cosas estupendas y otras  perjudiciales. Ofrecer a los menores teléfonos con acceso indiscriminado a la red, puede ser no solo una falta de sentido común, sino un daño para los chavales. Soy profesor y, con frecuencia, observo que falta fortaleza en este punto para exigir a los menores. La presión ambiental es muy fuerte, pero el deseo de educar a unos hijos íntegros y alegres puede ser más fuerte todavía. Educar en libertad significa ayudar a que progresivamente los más jóvenes vayan aprendiendo a elegir lo mejor. Poner a menores ante la red, sin ningún tipo de restricción, a cuenta del bolsillo de los propios padres, es una imprudencia que repercute en la personalidad de los chicos y las chicas. Cada familia tendrá que tomar las medidas que considere oportunas: es un reto interesante y actual. La tecnología es estupenda, pero requiere madurez para buscar sus servicios y evitar sus peligros.



José Ignacio Moreno Iturralde

viernes, 23 de agosto de 2019

El hombre que vive una vida distinta a la suya



Nuestra sociedad nos anima a llevar a cabo nuestros sueños, a ser nosotros mismos, a triunfar en aquello en lo que nos gusta y nos hace sentirnos realizados. Es bonito, sin duda, escuchar a alguien que ha conseguido un triunfo profesional que se había propuesto desde niño. A todos nos gustaría que nos ocurriera lo mismo; pero muchas veces no sucede así. La vida es mucho más grande que nuestras previsiones y, con frecuencia, tenemos que aprender a tomarla como viene. Es maravilloso pensar, por ejemplo, en un matrimonio que nos haga ser felices; pero es también bastante realista un matrimonio en el que un hombre se propone hacer feliz a su mujer y a sus hijos.

Un buen marido y un buen padre es el que está ahí, disponible para servir a su familia. Me refiero al tipo -hablo como hombre que soy- que ha decidido ser un fan de su mujer y de sus hijos, olvidándose de muchos de sus gustos y caprichos. Me parece que esto es hombría de la buena. No trato, en absoluto, de defender una especie de masoquismo inhumano que niegue razonables y positivas aficiones. Doy por supuesto que el sentido común y el de la justicia tienen que vertebrar las relaciones familiares. Lo que quiero decir es que cuando uno elige opciones buenas por el bien de su familia, aunque en principio no contara con ellas, puede obtener paradójicamente unas satisfacciones muy superiores. Todo esto es evidente, pero parece que la sociedad actual lo ha olvidado en parte. Cambiar a un trabajo que nos permite una mayor dedicación a los nuestros, veranear donde le gusta más a la esposa, educar la afectividad, sacrificar un viaje para encontrar unas vacaciones más adecuadas para los chavales… no es una fuente de infelicidad, sino todo lo contrario. La grandeza de un padre y de un marido pienso que está en saber no seguir “los caminos propios”, sino los que mejor vienen a su familia. Solo aceptando esta paradoja volveremos a revitalizar el matrimonio y a hacer del hogar un lugar de felicidad y seguridad.

¿Qué ocurre si después de todo esto la vida nos paga con una buena bofetada?... No es imposible. Aunque las cosas salieran mal, siempre queda la tranquilidad de conciencia de haberse esforzado por actuar lo mejor posible. Intentar ser bueno no siempre es correspondido; pero decidir ser un egoísta se paga muy caro, tarde o temprano. La generosidad tiene sus riesgos, pero es fuente de grandeza, de justicia y de escuela de vida. Cuando un hombre comprometido anda por el buen camino que tiene el nombre de su familia, termina por encontrar su más auténtico y personal camino.



José Ignacio Moreno Iturralde


miércoles, 21 de agosto de 2019

Lo nuclear en la educación escolar



La educación de niños y jóvenes en edad escolar requiere ser competente para que los alumnos puedan acceder en un futuro a estudios superiores; así como para darles una buena formación relativa a necesidades del mundo actual: idiomas, uso de tecnologías, trabajos en equipo, etc. Pero pienso que todo esto ha de basarse en algo más importante: educar a alumnas y alumnos con personalidad propia. Este afán implica ayudarles a   fomentar hábitos positivos como prestar atención, estudiar, participar y saber convivir.

La educación académica se apoya en la educación afectiva, cuyo ámbito privilegiado es la familia. Si se ayuda a las familias, los chavales aprenden mejor. El papel de la familia en la escuela no es periférico sino nuclear; aunque exista una evidente autonomía de los dos ámbitos educativos. Solo siendo conscientes del valor humano de la familia, los diversos centros escolares ayudarán a educar a jóvenes con referencias para la vida, convencidos de que ayudar a los demás merece la pena. De ahí se deduce la necesidad de que el estado fomente jurídica y económicamente una libertad de enseñanza, recogida en múltiples legislaciones actuales, que promueva una escuela plural en beneficio del bien común.



José Ignacio Moreno Iturralde

¿Ataca la Ley Celaá derechos de las familias?

Soy profesor y he leído detenidamente la nueva ley de educación del gobierno español. Esta norma, llamada también ley Celaá, limita la educa...