jueves, 31 de octubre de 2019

Lógica de dominio y lógica de respeto



Algunas formas de capitalismo extremo han llevado, a lo largo de la historia, a frecuentes explotaciones de empleados. El marxismo, y la posterior revolución comunista, supuso una contestación violenta a los abusos capitalistas. Capitalismo extremo y comunismo se mueven, curiosamente, en una misma lógica: la de la confrontación y el dominio.

En el terreno medioambiental se puede vislumbrar otra forma de abuso: entender el mundo como una posesión que puede ser consumida, al margen de sus sostenibilidad y belleza, por los más pudientes.

También en el ámbito de la afectividad se pueden ver a las personas como instrumentos al servicio de los propios sentimientos y satisfacciones, olvidando su dignidad. Las consecuencias de esta actitud sobre la educación de la personalidad y sobre la familia son devastadoras.

Sin embargo, frente a estas lógicas de dominio existe la lógica del respeto y del servicio: la que valora la realidad, en sí misma, de la naturaleza y especialmente la de las personas, al margen del beneficio que puedan aportar. Paradójicamente esta lógica positiva reafirma la identidad de todos y muy especialmente la del que la vive, al mismo tiempo que fomenta la justicia. La naturaleza, los demás, Dios, constituyen un triángulo virtuoso en el que, pese a los contratiempos de la existencia, surge impetuosa la esperanza y la alegría de vivir.


José Ignacio Moreno Iturralde

jueves, 29 de agosto de 2019

Educar: ayudar a encontrar una Presencia



“Entonces, ¿qué quiere decir que la persona necesita-pide ser educada? Quiere decir que tiene necesidad y pide entrar en contacto con la realidad de modo que experimente en ella una Presencia que le haga saltar de alegría, que le dé la certeza de que vale la pena vivir, justo a causa de esa Presencia. Educar significa introducir a la persona en la realidad de modo que se sienta acogida por un destino bueno”. 

Caffarra, C. Apuntes para una metafísica de la educación, Metafísica y persona, Año 1, n 2, julio 2009, pp. 13 y 14.


martes, 27 de agosto de 2019

La referencia inteligente



Tendemos a ver las cosas desde nuestro personal punto de vista; es lógico que sea así. Sin embargo, es inteligente apreciar las cosas por sí mismas y en referencia a lo que les da una globalidad de sentido. Este planteamiento también recae sobre nuestros afectos. Intentar salir fuera de nuestro propio interés para estimar a las personas, las instituciones y las cosas, no solo es una actitud elegante, sino la que paradójicamente nos viene mejor a cada uno.



José Ignacio Moreno Iturralde





La familia, la nevera y el móvil


Si una familia cierra con un candado la nevera, para evitar indigestiones de los niños, probablemente se trate de un hogar con anemia de libertad. En un frigorífico hay productos buenos, aunque se puedan tomar inmoderadamente. El teléfono móvil con datos es distinto. En la red hay muchas cosas estupendas y otras  perjudiciales. Ofrecer a los menores teléfonos con acceso indiscriminado a la red, puede ser no solo una falta de sentido común, sino un daño para los chavales. Soy profesor y, con frecuencia, observo que falta fortaleza en este punto para exigir a los menores. La presión ambiental es muy fuerte, pero el deseo de educar a unos hijos íntegros y alegres puede ser más fuerte todavía. Educar en libertad significa ayudar a que progresivamente los más jóvenes vayan aprendiendo a elegir lo mejor. Poner a menores ante la red, sin ningún tipo de restricción, a cuenta del bolsillo de los propios padres, es una imprudencia que repercute en la personalidad de los chicos y las chicas. Cada familia tendrá que tomar las medidas que considere oportunas: es un reto interesante y actual. La tecnología es estupenda, pero requiere madurez para buscar sus servicios y evitar sus peligros.



José Ignacio Moreno Iturralde

viernes, 23 de agosto de 2019

El hombre que vive una vida distinta a la suya



Nuestra sociedad nos anima a llevar a cabo nuestros sueños, a ser nosotros mismos, a triunfar en aquello en lo que nos gusta y nos hace sentirnos realizados. Es bonito, sin duda, escuchar a alguien que ha conseguido un triunfo profesional que se había propuesto desde niño. A todos nos gustaría que nos ocurriera lo mismo; pero muchas veces no sucede así. La vida es mucho más grande que nuestras previsiones y, con frecuencia, tenemos que aprender a tomarla como viene. Es maravilloso pensar, por ejemplo, en un matrimonio que nos haga ser felices; pero es también bastante realista un matrimonio en el que un hombre se propone hacer feliz a su mujer y a sus hijos.

Un buen marido y un buen padre es el que está ahí, disponible para servir a su familia. Me refiero al tipo -hablo como hombre que soy- que ha decidido ser un fan de su mujer y de sus hijos, olvidándose de muchos de sus gustos y caprichos. Me parece que esto es hombría de la buena. No trato, en absoluto, de defender una especie de masoquismo inhumano que niegue razonables y positivas aficiones. Doy por supuesto que el sentido común y el de la justicia tienen que vertebrar las relaciones familiares. Lo que quiero decir es que cuando uno elige opciones buenas por el bien de su familia, aunque en principio no contara con ellas, puede obtener paradójicamente unas satisfacciones muy superiores. Todo esto es evidente, pero parece que la sociedad actual lo ha olvidado en parte. Cambiar a un trabajo que nos permite una mayor dedicación a los nuestros, veranear donde le gusta más a la esposa, educar la afectividad, sacrificar un viaje para encontrar unas vacaciones más adecuadas para los chavales… no es una fuente de infelicidad, sino todo lo contrario. La grandeza de un padre y de un marido pienso que está en saber no seguir “los caminos propios”, sino los que mejor vienen a su familia. Solo aceptando esta paradoja volveremos a revitalizar el matrimonio y a hacer del hogar un lugar de felicidad y seguridad.

¿Qué ocurre si después de todo esto la vida nos paga con una buena bofetada?... No es imposible. Aunque las cosas salieran mal, siempre queda la tranquilidad de conciencia de haberse esforzado por actuar lo mejor posible. Intentar ser bueno no siempre es correspondido; pero decidir ser un egoísta se paga muy caro, tarde o temprano. La generosidad tiene sus riesgos, pero es fuente de grandeza, de justicia y de escuela de vida. Cuando un hombre comprometido anda por el buen camino que tiene el nombre de su familia, termina por encontrar su más auténtico y personal camino.



José Ignacio Moreno Iturralde


miércoles, 21 de agosto de 2019

Lo nuclear en la educación escolar



La educación de niños y jóvenes en edad escolar requiere ser competente para que los alumnos puedan acceder en un futuro a estudios superiores; así como para darles una buena formación relativa a necesidades del mundo actual: idiomas, uso de tecnologías, trabajos en equipo, etc. Pero pienso que todo esto ha de basarse en algo más importante: educar a alumnas y alumnos con personalidad propia. Este afán implica ayudarles a   fomentar hábitos positivos como prestar atención, estudiar, participar y saber convivir.

La educación académica se apoya en la educación afectiva, cuyo ámbito privilegiado es la familia. Si se ayuda a las familias, los chavales aprenden mejor. El papel de la familia en la escuela no es periférico sino nuclear; aunque exista una evidente autonomía de los dos ámbitos educativos. Solo siendo conscientes del valor humano de la familia, los diversos centros escolares ayudarán a educar a jóvenes con referencias para la vida, convencidos de que ayudar a los demás merece la pena. De ahí se deduce la necesidad de que el estado fomente jurídica y económicamente una libertad de enseñanza, recogida en múltiples legislaciones actuales, que promueva una escuela plural en beneficio del bien común.



José Ignacio Moreno Iturralde

lunes, 19 de agosto de 2019

Rescatar el corazón de los hijos



Son de agradecer los múltiples consejos que dan los expertos en educación. Pero, de ningún modo pueden ponerse por encima de la autoridad natural de los padres sobre sus hijos. Es lo que Betsy Hart explica en su libro “Sin miedo a educar” (Troa Librerías. Madrid 2012). Con el ejemplo de la dedicación a sus cuatro hijos, y una buena documentación científica, Hart insiste en una idea interesante: rescatar el corazón de los hijos. Es evidente que cualquier padre haría lo posible para que no robaran o lastimaran a un hijo; sin embargo, parece que muchos padres y madres hacen dejación de derechos respecto a algunas actividades de sus hijos como tiempos libres con otros jóvenes o accesos indiscriminados a tecnologías informativas, que pueden lastimar el corazón. La autora cita ejemplos ilustrativos.

Hart es consciente de la necesidad de la apertura al mundo de los hijos y de su libertad, pero con una responsabilidad materna y paterna respecto a los ambientes, información y compañías, que los hijos tienen en su infancia y adolescencia. También sostiene que el mal anida, en parte, en el corazón del niño, antes que en otro lugar. Esto es compatible con un cariño inmenso que ve las virtudes y potencialidades de los chavales. Nadie quiere a los hijos como los padres. Hart lo cree firmemente, desde su situación de divorciada
-a pesar suyo, según nos cuenta-. 

La educación que los padres dan a sus hijos no puede encogerse de hombros ante los peligros. Esta educación supone mucho esfuerzo, valentía y, sin duda, mano izquierda guiada por el cariño; por un cariño que quiere ayudar a rescatar el corazón de los hijos siempre que sea preciso, para llevarles por caminos de generosidad, compromiso y felicidad madura.




José Ignacio Moreno Iturralde

¿Ataca la Ley Celaá derechos de las familias?

Soy profesor y he leído detenidamente la nueva ley de educación del gobierno español. Esta norma, llamada también ley Celaá, limita la educa...