sábado, 28 de noviembre de 2020

¿Ataca la Ley Celaá derechos de las familias?


Soy profesor y he leído detenidamente la nueva ley de educación del gobierno español. Esta norma, llamada también ley Celaá, limita la educación concertada al eliminar el criterio de demanda social de los padres. La enseñanza pasa a ser fundamentalmente pública, estatal, siendo la enseñanza concertada un elemento meramente subsidiario. Dada la extensión y aceptación actual de la enseñanza concertada, le preocupación de este amplio sector educativo está justificada. También afirma que la educación especial corresponde al estado (artículo 74,4), dejando a este tipo de colegios en un panorama incierto. Además, la ley establece la coeducación en todas las etapas educativas y no contempla el concierto con la enseñanza diferenciada. De esta manera no se tienen en cuentan sentencias judiciales internacionales y del mismo Tribunal Supremo español estableciendo el carácter no discriminatorio de la enseñanza diferenciada.

Por otra parte, la ley insiste múltiples veces en la inclusión de la enseñanza afectivo sexual, el respeto a la identidad de género, y la perspectiva de género como una línea fundamental que recorre el nervio de toda esta ley. Tal perspectiva relativiza enormemente el concepto de familia y de la propia identidad humana. Esto supone una intromisión abrumadora en la conciencia de niños y jóvenes y en la de sus familias. Una cosa es mostrar la versión de género como una opción personal respecto a la propia sexualidad, y otra cosa es lo que esta ley hace: imponerla como una apisonadora saltando los muros de la patria potestad en asuntos tan sensibles como los mencionados. De esta manera, esta ley de enseñanza se opone a la conciencia de millones de personas cristianas, musulmanas, judías, o sin religión pero en neto desacuerdo con la versión del ser humano que esta ley propugna.

En la disposición final primera, la ley reconoce los derechos de los padres a escoger centro docente y a participar en el proceso de enseñanza de sus hijos. Un reconocimiento, enormemente vaciado de contenido, tras la exposición de condicionantes de esta ley.  El artículo 27 de la Constitución española afirma entre otras cosas que: “Se reconoce la libertad de enseñanzaLos poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”. Esta nueva ley de educación ata las manos a las familias, quiere deconstruir sus más íntimas convicciones, y luego dice dejar participar a los padres en la educación de sus hijos.

 

José Ignacio Moreno Iturralde

viernes, 3 de julio de 2020

La igualdad excluyente



La diversidad de la naturaleza se hace preciosa al ver emerger el Teide de las nubes, al mismo tiempo que está rodeado de un Atlántico plateado. Hay infinidad de diferencias estupendas en el mundo, como las futbolísticas en un buen derbi, u otras más profundas y humanas como la complementariedad entre la mujer y el hombre. También existen diferencias espantosas e insultantes como la que se da en el reparto de la riqueza en el planeta, en la aberrante violencia machista, o en cualquier tipo de abuso de fuerza.

La diferencia es un gran valor siempre que exista un marco de armonía, de respeto, y de igualdad entre las personas. Nadie es más que nadie: Mark Twain lo plasmó magistralmente en su libro “Príncipe y mendigo”. Pero la igualdad entre los hombres no es la de una colmena, ni la de un hormiguero. Cuando una concepción monolítica de la igualdad empieza a extenderse en el modo de entender algunos aspectos humanos y sociales, se está marginando la pluralidad. Si perdemos de vista el respeto a las personas, nos quedamos con la defensa de unas ideas que se convierten en ideologías cerradas. Se llega a la paradoja de que una pretendida sociedad democrática, considera desiguales a quienes no participan de la ética gubernamental. Este igualitarismo excluyente es, sin embargo, muy proclive a disolver la identidad de la mejor institución para aprender a complementar diferencia e igualdad: la familia. Como consecuencia, tampoco se defiende un modelo plural de escuela, subvencionándolo, porque esto sería algo inquietante y peligroso para la horma establecida de la igualdad. Por otra parte, este igualitarismo de fuerza, que dice ayudar a los más débiles, ayuda a quitar la igualdad a la vida de centenares de miles de niños en camino de nacer, y que nunca lo harán.

Tanto el liberalismo radical, que exacerba la diferencia, como el igualitarismo excluyente, se basan en posturas materialistas. Por contraste, la dignidad humana es aquél el don espiritual, que trasciende la materia, por el que somos capaces de defender la igualdad de todos desde nuestra libre y diferente posición personal. Por esto, cuando la igualdad ataca vorazmente la diferencia y la libertad, no hace más que pisotear la dignidad de las personas con una lógica que recuerda a la de las dictaduras.


José Ignacio Moreno Iturralde

martes, 28 de abril de 2020

La loca aventura de la sabiduría (Novela juvenil)


Se trata de una novela juvenil pensada para explicar contenidos de la asignatura de Filosofía de 1º de Bachillerato. Arturo, un joven apasionado por los pájaros, se verá involucrado en una fantástica aventura.Tendrá que enfrentarse con difíciles retos, que cambiarán su vida.

sábado, 18 de abril de 2020

La educación y su enorme potencial



          La educación tiene que estar al servicio de los jóvenes, y una de sus dimensiones esenciales es ayudarles a desarrollar su personalidad.

Todo chico o chica crece humanamente a través de unas relaciones personales cordiales y responsables. El lugar privilegiado para estas relaciones es la familia. Una familia fuerte, comprometida, es la primera institución educativa porque es el lugar donde se quiere a cada uno por sí mismo. Por este motivo, la escuela ha de estar al servicio de las familias. Una buena comunicación entre familias y profesores será un motivo claro de mejora en la educación. Por tanto, ha de fomentarse una sinergia entre familia y escuela, sabiendo complementar posturas y distinguir terrenos.

Todo joven es un ser libre. En el proceso educativo se ponen en juego muchas capacidades y virtudes -capacidades bien empleadas-. El chico y la chica necesitan atender, estudiar, así como respetar la autoridad. Pero también han de desarrollar su tremendo potencial, siendo libres al aprender. Conseguir esto, “educir” -detectar y hacer crecer- las mejores capacidades y virtualidades de cada joven, es uno de los logros más valiosos de la excelencia educativa. Esto requiere profesionales, expertos en sus materias, así como en humanidad.

El conocimiento es otra dimensión profundamente humana. Aunque lo que realmente conoce es el asombro, también el conocimiento se ve   favorecido por unos profesores que sean expertos en sus materias. Sería deseable que una nación se dé cuenta que la profesión docente ha de ser una profesión de prestigio social. Así lo entiende Finlandia, que se encuentra en los primeros puestos mundiales de calidad educativa. Un profesor debe saber bastante de lo que explica, querer a sus alumnos, y estar preparado metodológicamente para su profesión. Despreciar el estudio o la metodología innovadora son dos errores de bulto.

Cada joven necesita soñar, visualizar el futuro, trazarse unas metas altas y sensatas. Ha de tener claro que la vida merece la pena y que ayudar a los demás es una gozosa responsabilidad, que nos hace más felices. Por esto, la escuela o el colegio han de educar en la capacidad de convivir con los demás. Aprender a perdonar y pedir perdón, a tener sentido del humor, a no venirse abajo ante derrotas parciales, a aceptar y superar los propios defectos, son unas asignaturas de inmenso valor. No se traducirán en notas, sino en algo más importante: un carácter preparado para la convivencia y la felicidad.

La educación tiene un indeclinable compromiso con ayudar a los jóvenes a desarrollar su personalidad. De esta manera ayudará a formar hombres y mujeres positivos, realistas y creativos, capaces de forjar un magnífico estilo de vida y un gran país.


José Ignacio Moreno Iturralde (Profesor de Secundaria y Bachillerato)

sábado, 25 de enero de 2020

Un original conflicto entre un profesor y sus alumnos


En el polémico marco actual de la enseñanza, quisiera atizar una nueva ascua al fuego. Verán ustedes: mis alumnos de 1º de la ESO, de Geografía e Historia, están haciendo en clase unas exposiciones de diversas partes del temario. Dada su edad de 12 años, les propuse que fueran de 10 minutos. Dos alumnos expusieron sobre la Antigua Grecia: estuvieron 50 minutos hablando con una presentación en power point alucinante; trayendo además, no sé de donde, pequeñas figuras de antigüedades orientales. El último día de clase, una nueva exposición trató sobre los volcanes: a una magnífica explicación de unos 40 minutos, se añadió la simulación de la explosión de un volcán mediante un artefacto que, ignoro cómo, catapultaba un cráter colorado medio metro hacia arriba. No contentos con esto, hicieron otra simulación con un volcán de arcilla, en el que echaron bicarbonato y vinagre, dando la fantástica impresión de que estaba en erupción. Mi inquietud aumenta porque podría contarles bastantes ocasiones más, donde chavales de doce años sacan a relucir tomo su potencial humano en clase. ¿Dónde está entonces el conflicto? Me inquieta mucho un pensamiento: me parece que estos jovenzuelos dan la clase mejor que yo… Pero tampoco lo digan mucho por ahí.


José Ignacio Moreno Iturralde



viernes, 6 de diciembre de 2019

Tapar la boca a los defensores de la vida



Hace años estuve en el velatorio de tres amigos, que fallecieron juntos en un accidente de tráfico. Nunca olvidaré el dolor de las madres junto al féretro de sus hijos. Allí comprendí la profundidad y grandeza que tiene la maternidad. Lo recordaba al saber que, en la Comunidad de Madrid, acaba de aprobarse una medida para prohibir que se dé información favorable a la vida del niño aún no nacido, junto a las clínicas abortistas. Unos valientes, que saben muy bien que pesa menos un hijo en los brazos que encima de la conciencia, han venido haciendo desinteresada y respetuosamente esta iniciativa durante muchos años. A partir de ahora les será más difícil, pues pueden enfrentarse a multas y penas. En España se habla constantemente de democracia libertades y, sin embargo, van apareciendo señales de dictadura intentando tapar la boca de los que defienden la dignidad de la mujer y del hijo que lleva en su seno.


José Ignacio Moreno Iturralde


sábado, 30 de noviembre de 2019

La desigualdad del aborto

La igualdad se ha convertido en una causa justa de nuestra sociedad. Se condena, con determinación, el horror de la violencia machista. Se busca noblemente la igualdad entre mujeres y hombres, por ejemplo respecto a su salario laboral. El conocimiento de las agudas desigualdades mundiales, referentes a alimentación y desarrollo, son entendidas como una dolorosa herida cuya curación es urgente.

Sin embargo, la realidad del aborto voluntario -95.917 casos en 2018, en España- es amparada por la ley y observada por nuestro estado con conformismo. La autonomía de la propia decisión de los padres se impone a la vida de los hijos en gestación. Pienso que esta autonomía es la que establece una profunda desigualdad entre unos padres, que fueron aceptados a la vida, y sus hijos en gestación a los que les impiden vivir. Tal autonomía excluyente, tiene alguna semejanza con la de ciertos ricos a los que parece importarles muy poco la suerte de los pobres. También ocurre algo similar con algunos empresarios a los que no les tiembla el pulso a la hora de poner en la calle a varios de sus empleados, cuando no era estrictamente necesario hacerlo. Pero, lo más paradójico, es que la práctica abortista tiene un reflejo de simetría con la falta de respeto del varón que golpea impunemente a su pareja.

La igualdad se va consiguiendo cuando se respeta la diversidad. Ricos y pobres, hombres y mujeres, padres e hijos –también los engendrados todavía no nacidos-, formamos una comunidad de vida donde las relaciones solidarias con los demás afectan profundamente a nuestra propia identidad y dignidad. La libertad y la autonomía son valores irrenunciables; pero si se agigantan y deforman, nos hacen caer en el despeñadero de la desigualdad. Si no se defiende la igualdad del propio hijo en gestación, es difícil que pueda defenderse con coherencia la igualdad de los demás.

El respeto a la vida y a la promoción de todo ser humano, especialmente de los más necesitados, aunque resulte costoso en ocasiones, es el medio para lograr una igualdad humana sin hipocresías. De este modo construiremos una sociedad inclusiva y plural, donde  podremos mirarnos a la cara con más franqueza, justicia y paz.



José Ignacio Moreno Iturralde




viernes, 1 de noviembre de 2019

Educación: buena tierra, buen fruto.



Para una buena cosecha hace falta una buena tierra, con los nutrientes necesarios y un riego adecuado. Después habrá que sembrar un buen grano, y tener cuidado con las plagas y las posibles tormentas. Sólo así aquel campo dará buen fruto.

Pienso que en la educación ocurre algo parecido. La buena tierra es una familia unida donde, pese a los roces diarios, existe un cariño incondicional entre sus miembros, especialmente entre marido y mujer. Este es el terreno óptimo para que surja, vigorosa y libre, la personalidad de cada hijo o hija. La semilla buena es el ejemplo de los padres y su palabra adecuada, comprensiva y exigente. Solo con la suave autoridad de los surcos, se levantan con fuerza los tallos. La plantación de la que hablamos no es de invernadero: los aires y las aguas la hacen fuerte y hermosa; pero con atención y cuidado, lo contrario es una irresponsabilidad. La tecnología, tan al alcance de la mano, rinde estupendos servicios; pero también puede llenar de gusanos y de basura toda la plantación. Pongamos dos ejemplos que nos ofrece una asociación española especializada: 11 años es la edad media para iniciar el consumo de pornografía; 81% de los niños entre 13 y 18 años afirman haber observado pornografía como conducta normal[1]. Escenas de violencia, canciones impotables y comportamientos abusivos, son moneda común en una red mundial con una enorme dosis de amoralidad. Del mismo modo que no dejaríamos a nuestros hijos comerse cualquier porquería, no podemos dejarles que sus mentes se inunden de cosas que van a cercenar su personalidad y su capacidad de esfuerzo y creatividad.

La moda consolidada de salir con amigos los fines de semana toda la noche, incluso siendo menores, es una negligencia de los padres que se puede pagar cara. Junto a algunos aspectos positivos de socialización, a esas horas el consumo de alcohol y drogas es muy común. El psiquiatra español Juan José Vázquez acaba de publicar un libro muy útil al respecto, que aborda estas problemáticas y sus posibles soluciones[2].

La suma de horas diarias de televisión+móvil+internet+play puede estar hipertrofiada. Todos estos elementos, cuyo buen y equilibrado uso es estupendo, se pueden convertir en un huracán que asola la interioridad y creatividad de los chavales.

Por otra parte, la libertad de elegir un centro educativo, afín a nuestra visión de la vida y económicamente asequible, es una conquista democrática en la que conviene profundizar. Son los padres y no el estado quienes están más preparados para saber el tipo de educación que conviene a sus hijos. Un buen instituto o colegio ayuda a la competencia y capacitación de los jóvenes, dándoles formación profesional y humana con valiosas referencias para la vida. Pero estas ramas de la educación se apoyan en el tronco y las raíces, que solo la familia puede dar.

Chesterton dijo en los años treinta del siglo pasado que el peligro que nos acecha es la chabacanería. Tenía razón. La gente joven tiene un enorme potencial, son nuestra alegría y nuestro futuro. No siempre será posible tener una familia unida o controlar a los chicos todo lo que quisiéramos, pero hemos de intentarlo una y otra vez, sabiendo que de ello depende la felicidad de ellos y la nuestra, aunque nuestra situación diste mucho de ser la ideal. Además, en este juego de la vida podemos tener un buen compañero porque Dios sabe hacer, con cartas malas, jugadas muy buenas.

Claro que hay que educar en la libertad a los hijos, escucharles, ceder en ocasiones; pero también hay que exigirles responsabilidad y compromiso. Muy probablemente, usted no se arrepentirá de exigir con cariño; de ser blando y condescendiente sí.

A más técnica hace falta más ética; a más libertad es precisa más responsabilidad. Compensa dejarse la vida en educar a chicos y chicas con personalidad, seguridad, alegría de vivir y ganas de comerse el mundo para hacerlo mejor, más humano. Siempre, y especialmente en la actualidad, ser buenos padres es heroico. Muchos de ustedes lo hacen estupendamente. Como modesto profesor desde hace muchos años, les animo en este noble y maravilloso empeño.


José Ignacio Moreno Iturralde



[2] Alcohol, tabaco y drogas. Conocer para prevenir. Vázquez, Juan José. Digital Reasons, 2019: https://www.digitalreasons.es/libro.php?valor=Alcohol,%20tabaco,%20drogas:%20conocer%20para%20prevenir


jueves, 31 de octubre de 2019

Lógica de dominio y lógica de respeto



Algunas formas de capitalismo extremo han llevado, a lo largo de la historia, a frecuentes explotaciones de empleados. El marxismo, y la posterior revolución comunista, supuso una contestación violenta a los abusos capitalistas. Capitalismo extremo y comunismo se mueven, curiosamente, en una misma lógica: la de la confrontación y el dominio.

En el terreno medioambiental se puede vislumbrar otra forma de abuso: entender el mundo como una posesión que puede ser consumida, al margen de sus sostenibilidad y belleza, por los más pudientes.

También en el ámbito de la afectividad se pueden ver a las personas como instrumentos al servicio de los propios sentimientos y satisfacciones, olvidando su dignidad. Las consecuencias de esta actitud sobre la educación de la personalidad y sobre la familia son devastadoras.

Sin embargo, frente a estas lógicas de dominio existe la lógica del respeto y del servicio: la que valora la realidad, en sí misma, de la naturaleza y especialmente la de las personas, al margen del beneficio que puedan aportar. Paradójicamente esta lógica positiva reafirma la identidad de todos y muy especialmente la del que la vive, al mismo tiempo que fomenta la justicia. La naturaleza, los demás, Dios, constituyen un triángulo virtuoso en el que, pese a los contratiempos de la existencia, surge impetuosa la esperanza y la alegría de vivir.


José Ignacio Moreno Iturralde

jueves, 29 de agosto de 2019

Educar: ayudar a encontrar una Presencia



“Entonces, ¿qué quiere decir que la persona necesita-pide ser educada? Quiere decir que tiene necesidad y pide entrar en contacto con la realidad de modo que experimente en ella una Presencia que le haga saltar de alegría, que le dé la certeza de que vale la pena vivir, justo a causa de esa Presencia. Educar significa introducir a la persona en la realidad de modo que se sienta acogida por un destino bueno”. 

Caffarra, C. Apuntes para una metafísica de la educación, Metafísica y persona, Año 1, n 2, julio 2009, pp. 13 y 14.


martes, 27 de agosto de 2019

La referencia inteligente



Tendemos a ver las cosas desde nuestro personal punto de vista; es lógico que sea así. Sin embargo, es inteligente apreciar las cosas por sí mismas y en referencia a lo que les da una globalidad de sentido. Este planteamiento también recae sobre nuestros afectos. Intentar salir fuera de nuestro propio interés para estimar a las personas, las instituciones y las cosas, no solo es una actitud elegante, sino la que paradójicamente nos viene mejor a cada uno.



José Ignacio Moreno Iturralde





La familia, la nevera y el móvil


Si una familia cierra con un candado la nevera, para evitar indigestiones de los niños, probablemente se trate de un hogar con anemia de libertad. En un frigorífico hay productos buenos, aunque se puedan tomar inmoderadamente. El teléfono móvil con datos es distinto. En la red hay muchas cosas estupendas y otras  perjudiciales. Ofrecer a los menores teléfonos con acceso indiscriminado a la red, puede ser no solo una falta de sentido común, sino un daño para los chavales. Soy profesor y, con frecuencia, observo que falta fortaleza en este punto para exigir a los menores. La presión ambiental es muy fuerte, pero el deseo de educar a unos hijos íntegros y alegres puede ser más fuerte todavía. Educar en libertad significa ayudar a que progresivamente los más jóvenes vayan aprendiendo a elegir lo mejor. Poner a menores ante la red, sin ningún tipo de restricción, a cuenta del bolsillo de los propios padres, es una imprudencia que repercute en la personalidad de los chicos y las chicas. Cada familia tendrá que tomar las medidas que considere oportunas: es un reto interesante y actual. La tecnología es estupenda, pero requiere madurez para buscar sus servicios y evitar sus peligros.



José Ignacio Moreno Iturralde

viernes, 23 de agosto de 2019

El hombre que vive una vida distinta a la suya



Nuestra sociedad nos anima a llevar a cabo nuestros sueños, a ser nosotros mismos, a triunfar en aquello en lo que nos gusta y nos hace sentirnos realizados. Es bonito, sin duda, escuchar a alguien que ha conseguido un triunfo profesional que se había propuesto desde niño. A todos nos gustaría que nos ocurriera lo mismo; pero muchas veces no sucede así. La vida es mucho más grande que nuestras previsiones y, con frecuencia, tenemos que aprender a tomarla como viene. Es maravilloso pensar, por ejemplo, en un matrimonio que nos haga ser felices; pero es también bastante realista un matrimonio en el que un hombre se propone hacer feliz a su mujer y a sus hijos.

Un buen marido y un buen padre es el que está ahí, disponible para servir a su familia. Me refiero al tipo -hablo como hombre que soy- que ha decidido ser un fan de su mujer y de sus hijos, olvidándose de muchos de sus gustos y caprichos. Me parece que esto es hombría de la buena. No trato, en absoluto, de defender una especie de masoquismo inhumano que niegue razonables y positivas aficiones. Doy por supuesto que el sentido común y el de la justicia tienen que vertebrar las relaciones familiares. Lo que quiero decir es que cuando uno elige opciones buenas por el bien de su familia, aunque en principio no contara con ellas, puede obtener paradójicamente unas satisfacciones muy superiores. Todo esto es evidente, pero parece que la sociedad actual lo ha olvidado en parte. Cambiar a un trabajo que nos permite una mayor dedicación a los nuestros, veranear donde le gusta más a la esposa, educar la afectividad, sacrificar un viaje para encontrar unas vacaciones más adecuadas para los chavales… no es una fuente de infelicidad, sino todo lo contrario. La grandeza de un padre y de un marido pienso que está en saber no seguir “los caminos propios”, sino los que mejor vienen a su familia. Solo aceptando esta paradoja volveremos a revitalizar el matrimonio y a hacer del hogar un lugar de felicidad y seguridad.

¿Qué ocurre si después de todo esto la vida nos paga con una buena bofetada?... No es imposible. Aunque las cosas salieran mal, siempre queda la tranquilidad de conciencia de haberse esforzado por actuar lo mejor posible. Intentar ser bueno no siempre es correspondido; pero decidir ser un egoísta se paga muy caro, tarde o temprano. La generosidad tiene sus riesgos, pero es fuente de grandeza, de justicia y de escuela de vida. Cuando un hombre comprometido anda por el buen camino que tiene el nombre de su familia, termina por encontrar su más auténtico y personal camino.



José Ignacio Moreno Iturralde


miércoles, 21 de agosto de 2019

Lo nuclear en la educación escolar



La educación de niños y jóvenes en edad escolar requiere ser competente para que los alumnos puedan acceder en un futuro a estudios superiores; así como para darles una buena formación relativa a necesidades del mundo actual: idiomas, uso de tecnologías, trabajos en equipo, etc. Pero pienso que todo esto ha de basarse en algo más importante: educar a alumnas y alumnos con personalidad propia. Este afán implica ayudarles a   fomentar hábitos positivos como prestar atención, estudiar, participar y saber convivir.

La educación académica se apoya en la educación afectiva, cuyo ámbito privilegiado es la familia. Si se ayuda a las familias, los chavales aprenden mejor. El papel de la familia en la escuela no es periférico sino nuclear; aunque exista una evidente autonomía de los dos ámbitos educativos. Solo siendo conscientes del valor humano de la familia, los diversos centros escolares ayudarán a educar a jóvenes con referencias para la vida, convencidos de que ayudar a los demás merece la pena. De ahí se deduce la necesidad de que el estado fomente jurídica y económicamente una libertad de enseñanza, recogida en múltiples legislaciones actuales, que promueva una escuela plural en beneficio del bien común.



José Ignacio Moreno Iturralde

lunes, 19 de agosto de 2019

Rescatar el corazón de los hijos



Son de agradecer los múltiples consejos que dan los expertos en educación. Pero, de ningún modo pueden ponerse por encima de la autoridad natural de los padres sobre sus hijos. Es lo que Betsy Hart explica en su libro “Sin miedo a educar” (Troa Librerías. Madrid 2012). Con el ejemplo de la dedicación a sus cuatro hijos, y una buena documentación científica, Hart insiste en una idea interesante: rescatar el corazón de los hijos. Es evidente que cualquier padre haría lo posible para que no robaran o lastimaran a un hijo; sin embargo, parece que muchos padres y madres hacen dejación de derechos respecto a algunas actividades de sus hijos como tiempos libres con otros jóvenes o accesos indiscriminados a tecnologías informativas, que pueden lastimar el corazón. La autora cita ejemplos ilustrativos.

Hart es consciente de la necesidad de la apertura al mundo de los hijos y de su libertad, pero con una responsabilidad materna y paterna respecto a los ambientes, información y compañías, que los hijos tienen en su infancia y adolescencia. También sostiene que el mal anida, en parte, en el corazón del niño, antes que en otro lugar. Esto es compatible con un cariño inmenso que ve las virtudes y potencialidades de los chavales. Nadie quiere a los hijos como los padres. Hart lo cree firmemente, desde su situación de divorciada
-a pesar suyo, según nos cuenta-. 

La educación que los padres dan a sus hijos no puede encogerse de hombros ante los peligros. Esta educación supone mucho esfuerzo, valentía y, sin duda, mano izquierda guiada por el cariño; por un cariño que quiere ayudar a rescatar el corazón de los hijos siempre que sea preciso, para llevarles por caminos de generosidad, compromiso y felicidad madura.




José Ignacio Moreno Iturralde

viernes, 16 de agosto de 2019

La niña de la silla de ruedas



Vi a una niña en su silla de ruedas, imposibilitada de por vida. La transportaban sus padres con todo cariño, mientras ella tenía una serena mirada hacia el infinito. En el mundo, además, ocurren muchas otras cosas duras y difíciles. Sin embargo, nada de esto sucede en un planeta sin vida como Mercurio, pero no lo cambiamos por el nuestro; más nos vale. También hoy en la tierra lució el sol, se vieron las montañas, los pájaros y las personas. En esta jornada pudimos pensar en proyectos, comer lentejas, leer o bañarnos. Realizamos cosas bien; otras puede que mal, con la opción de arrepentirnos y mejorar. Por todo esto, ver lo positivo de la vida no es una mera perspectiva, sino la opción inteligente y realista ante el espectáculo grandioso de la existencia. Hay que tener en cuenta que estamos comunicados, en una red muy profunda, vivimos en equipo, tantas veces sin darnos cuenta. Por este motivo, la bendita niña de la silla de ruedas nos hace darnos cuenta de que nuestros problemas personales quizás no son para tanto.



José Ignacio Moreno Iturralde

jueves, 15 de agosto de 2019

Ayuda a los más necesitados



En nuestras sociedades desarrolladas siguen existiendo pobres e indigentes. Son tantos que, con frecuencia, podemos mostrar hacia ellos cierta indiferencia. También es verdad que hay mucha picaresca, pero bastantes de esas personas pueden estar en estado de necesidad. Al mismo tiempo, cuando vemos que alguien saca de un apuro a otra persona sentimos satisfacción y una ligera envidia de no haber sido nosotros quien echáramos una mano a quien lo necesitaba.

Lo que sí está más en nuestra mano es atender a personas necesitadas de nuestro entorno familiar y profesional. Esta actitud conlleva un cierto señorío: tener solucionados bastantes conflictos personales para poder prestar dedicación y tiempo a los demás. Además, esta actitud suele resolver bastantes problemas propios porque la generosidad es fuente de alegría y de plenitud.

Ver la pobreza y las calamidades del mundo es un acicate para intentar hacer una sociedad mejor, en la medida de las posibilidades de cada uno. Además, puede servirnos para no quejarnos cuando nos falte algo que estimamos importante, al darnos cuenta de que tampoco es para tanto.

En la película ¨Los Miserables”, un preso al que se le ha dado libertad condicional es acogido por la noche en una casa. El anfitrión y su hermana hablan con Jean Valjean, el expresidiario, al mismo tiempo que le dan de cenar y le sugieren que cambie de vida; propuesta que Valjean dice aceptar. Sin embargo, por la noche, el invitado se levanta, roba y golpea al dueño de la casa que se ha levantado al escuchar ruidos. A la mañana siguiente, la policía trae al ladrón ante el señor obispo, quien le acogió. El obispo dice que no le ha robado, que fue un regalo. La policía se va y Valjean queda desconcertado, por lo que pregunta al clérigo: ¿Por qué ha actuado así? El obispo responde: este es el precio que pago para devolverle su alma a Dios y usted no olvide que había prometido cambiar de vida[1].

No estamos obligados a una conducta tan heroica, pero es realmente atractiva. En ocasiones, hay que descender a la miseria para sacar al miserable de su situación. Entonces es cuando nos volvemos más verdaderamente humanos. Lo que siempre podemos hacer es saber pedir perdón y saber perdonar en las cosas de cada día. Una persona que sabe pedir perdón y perdonar es una persona que sabe querer, y será siempre muy valorada.


José Ignacio Moreno Iturralde

miércoles, 14 de agosto de 2019

La familia: el lugar al que se vuelve.



Las vacaciones son un buen momento para descansar con nuestros seres queridos y reafirmar los lazos familiares. Así renovamos fuerzas para volver de nuevo a la vida cotidiana. La familia unida tiene muchas ventajas. Una de ellas es la seguridad de los hijos. El amor entre los cónyuges es una sólida base de identidad para los chicos. Esto tiene su repercusión en la educación escolar. La formación académica tiene su fundamento en la formación afectiva, y ésta última se obtiene de modo eminente en la familia. Podríamos también destacar que la solidaridad es favorecida por la fortaleza familiar. En las familias, las relaciones de justicia se ven más que satisfechas por las relaciones de amor y servicio desinteresado. Sin embargo, y lejos de intentar juzgar a nadie, todos estos motivos contrastan con el impetuoso viento de divorcios y separaciones que se está produciendo en España y en otros países. Promover una familia “liquida” es contribuir a liquidar la familia. 

Por todo esto, quisiera aportar una razón más a favor de la consistencia de la institución familiar. Somos muchos los que hemos tenido la fortuna de nacer en una familia unida, con sus alegrías y fragilidades. A lo largo de la existencia hemos ido tomando decisiones, afrontando trabajos, estableciendo relaciones, disfrutando de buenos momentos y plantando cara a problemas. Algunas veces uno vuelve a esos recuerdos de la infancia, que son las raíces de nuestra identidad. Desde allí se saca fuerza e inspiración para acometer la vida. Aunque esa situación haya pasado en el tiempo, o se haya quebrado, el ser humano es nuclearmente familiar. La familia es incómoda, complicada, esforzada y molesta, pero es lo que nos hace más humanos. Relativizar la familia y su asentamiento jurídico, el matrimonio, es hacer de la mujer y del hombre seres frágiles, inmaduros, y paradójicamente menos libres. Por complicada que sea una situación, que el respeto y la justicia debe resolver con firmeza, siempre existe algún remedio y esperanza que oriente hacia una mejor situación familiar. Todos necesitamos un sitio donde regresar. La familia, el hogar, es el lugar al que se vuelve.



José Ignacio Moreno Iturralde

¿Quién puede naufragar: el Open Arms o Europa?

Me pregunto: ¿Quién es el que está en mayor peligro de naufragar… ¿el Open Arms o  Europa?  Está claro que hay que hacer una política inmigratoria con sentido común y con números; pero también con innovación e inteligencia. Por esto, es preciso que los ministros de los gobiernos se reúnan y lleven a cabo una estrategia eficaz y humanitaria. Los problemas acuciantes hay que resolverlos con urgencia, poniendo a salvo las vidas de personas necesitadas.

Esta encruzijada requiere creatividad y soluciones, no encogimiento de hombros. Si unos políticos no saben resolver tal problema, sería preferible que se fueran y dejaran su puesto a personas más competentes. Europa no puede reducirse a ser un mercado financiero. La causa principal de Europa debe incluir la salvaguarda de la dignidad de todo ser humano; de lo contrario, el proyecto europeo irá desapareciendo aceleradamente por esclerosis de valores. El hecho de que países de la orilla sur del Mediterráneo no sean capaces de responder, es la ocasión para mostrarles cómo se ha de actuar. La situación límite del Open Arms no es solo un problema, sino un reto para superar límites hacia una Europa mucho mejor. Nuestro continente tiene las virtualidades suficientes para responder. Cuánto me gustaría que España, siempre acogedora, se pusiera a la cabeza de una Europa renovada, más humana.


José Ignacio Moreno Iturralde

viernes, 9 de agosto de 2019

Enamoramiento y amor



Enamorarse resulta atractivo, aunque conviene entender un poco más en profundidad la qué es el amor. La persona es libre para configurar su vida, pero hay que recordar que todo ser humano es dotado de sentido desde fuera de sí mismo. Cuando la persona se sabe querida por alguien que le importa, tiende a corresponder; en ocasiones con el don de su vida. A esto llamamos amar. El amor es una realidad con muchos aspectos, que es entendida de muchas maneras. Por esto, es conveniente decir que el amor es verdadero cuando nos hace ser mejores personas.

El amor de benevolencia -querer bien- consiste en querer a la otra persona, en afirmarla. J. Pieper, en su libro “Las virtudes fundamentales”[1], ha dicho que amar a una persona es como decirla “es bueno que existas”. También podemos llamar a la benevolencia “amor don”. A las personas hay que amarlas como fines en sí mismas, no debemos instrumentalizarlas, tal y como decía Kant. Sin embargo, también existe la inclinación a la propia realización y plenitud, que puede llamarse amor necesidad. Ambos amores no tienen por qué oponerse; bien entendidos se complementan, pues nadie da de lo que no tiene. El amor necesidad tiene que complementarse con el amor don, que es la forma más genuina de amar de los seres humanos. De lo contrario, el amor se transforma en un sentimiento egoísta. El amor bueno considera a la persona amada en sí misma, y no solo por la satisfacción que traiga consigo al que ama.
           
El amor don, o de benevolencia, refuerza y transforma el amor necesidad[2]. El amor es un acto de la voluntad acompañado, o no, por un sentimiento de mayor o menor intensidad. Tal sentimiento, que no necesariamente acompaña al amor, puede llamarse afecto. El amor está formado por afectos -fruto del corazón- y efectos -fruto de la voluntad-. Si solo se dan los primeros se trata de puro sentimentalismo. El amor tiene un efecto en el propio sujeto que ama: el gozo. El amor, cuyo gozo no es necesariamente incompatible con el sufrimiento, es la forma más profunda de realización humana. Cuando alguien a quien valoramos nos quiere, activa y aporta sentido a lo más profundo de nuestro ser. El amor hace que la vida merezca la pena.

El amor consiste en hacer feliz a la persona amada. Amar es conocer, dialogar, compartir, acompañar. De la aceptación de ser querido nace la alegría y el deseo de estar con quien se quiere. Amar es afirmar al otro, perdonando sus faltas del pasado. Quien no perdona no ama; el amor redime la fealdad de la vida. El amor renueva a quien ama y a quien se sabe amado. Amar es cuidar, tomar al otro como tarea, ayudarle a conseguir “su mejor tú”. En especial es necesario cuidar de los débiles, de los niños, de los ancianos. Amar también es corregir, indicar con valentía y educación, que tales palabras o comportamientos son inadecuados o inmorales. Amar es también sufrir con el que sufre. Amar es compadecer y consolar. Amar es acoger: la imagen típica de volver a casa. Amar supone ponerse en el lugar del otro. Esto implica saber escuchar. Amar precisa una lealtad basada en la confianza y esto supone decir la verdad. El amor supone respetar la buena fama y honrar a la persona querida.

            Amar conlleva un compromiso que va más allá de un acuerdo de conveniencia: no tiene caducidad en el tiempo, es desinteresado, es incondicionado. El amor humano tiene vocación de inmortalidad. Para el filósofo Rafael Alvira, el amor es la vida de la voluntad que mantiene definitivamente la afirmación que se hizo de la elección. El amor supone, día a día, reafirmar la elección.


José Ignacio Moreno Iturralde



[1] Pieper, J. Las virtudes fundamentales. Rialp, 2001.
[2] Cfr. Yepes-Aranguren Op. Cit. pp. 142-153

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